Consagración
30 de julio de 2026 · Parroquia San Pedro de Cumbayá
El 30 de julio, Ana María Castellón se convirtió en la segunda mujer consagrada en el Ordo Virginum de su diócesis. La abrazaron ese día quienes ya recorren este mismo camino —consagradas venidas de otras diócesis—, junto a su familia y sus amigos, testigos de un sí que llevaba años gestándose en el silencio de la oración.
Estas celebraciones suelen reservarse a la Catedral, pero por motivos pastorales esta vez se trasladó a la Parroquia San Pedro de Cumbayá, sin que el lugar restara nada a lo que allí se vivió. Presidió Mons. Alfredo Espinoza Mateus, Arzobispo de Quito, con la concelebración del Cardenal Luis Cabrera Herrera y de los presbíteros Darío Ortiz, SDB, Roberto Estévez y José Luis Chica.
Postrada en el suelo, Ana María entregó lo que ya era de Dios desde hace tiempo.
Se levantó para recibir el anillo —signo de un desposorio que no termina— y el velo,
y la comunidad reunida la vio convertirse en lo que ya era: una esposa de Cristo, enviada de vuelta al mundo a testimoniarlo.