El origen apostólico
Ya en las comunidades apostólicas existían mujeres que consagraban su virginidad al Señor. San Pablo las menciona en sus cartas. Los Padres de la Iglesia — Tertuliano, Cipriano, Ambrosio, Agustín, Jerónimo — las reconocieron como imagen de la Iglesia Esposa y las llamaron sponsae Christi, Deo nuptae. Su consagración se celebraba mediante un rito litúrgico presidido por el obispo, y vivían en su entorno familiar ordinario, insertas en la comunidad cristiana local.